03/02/2026
Libertad generó millones en los últimos años: ventas históricas como Julio Enciso, transferencias como la de Diego Gómez, premios por títulos locales y participación constante en copas internacionales. Plata hubo. Y mucha.
¿El resultado?
Un plantel envejecido, sin recambio, sin refuerzos de jerarquía y con jugadores que hace tiempo ya no aportan nada, como Hernesto Caballero, Diego Viera, Nestor Gimenez, Marcelo Fernandez y otros nombres que siguen por inercia. Mientras tanto, el equipo pasó de ser protagonista a arrastrarse en la tabla, como quedó demostrado en el último semestre.
La conducción de Rubén Di Tore, con Horacio Cartes como presidente honorario e influencia constante, se volvió hermética, cerrada y desconectada del socio y del hincha, casi como un club manejado a puertas cerradas. Libertad no puede ser un feudo ni una herramienta política de unos pocos.
Este club nació para competir, para pelear arriba, no para conformarse con mitad de tabla o pelear el fondo.
Si no hay amor por el escudo, den un paso al costado. Libertad necesita jugadores nuevos, ideas nuevas y dirigentes con hambre de gloria, no comodidad ni silencio.