07/07/2026
PAPELITO # 1721
En el tenis, los entrenadores de formación y desarrollo muchas veces son juzgados únicamente por los resultados visibles, mientras gran parte de su labor consiste en un trabajo silencioso y de largo plazo. Las críticas que reciben suelen provenir de los padres y/o familiares, que esperan un progreso más rápido de sus hijos y que comparan su evolución con la de los otros, desconociendo que cada junior tiene su propio ritmo de crecimiento; de los dirigentes, que valoran más los resultados inmediatos para la imagen del club que el proceso y, de otros entrenadores que opinan, sin conocer el contexto y todo el trabajo realizado. Todo esto genera una presión emocional considerable, donde se siente frustración y cansancio, haciéndolos dudar si están tomando las decisiones correctas o si deberían cambiar su metodología para satisfacerlos. Además, no todos los alumnos que llegaron lejos recuerdan con gratitud a quienes construyeron sus primeros años; algunos lo hacen y otros, al cambiar de entrenador, terminan olvidando a quienes sembraron las bases de su tenis. Eso es doloroso para un entrenador que invirtió años de esfuerzo, tiempo y afecto. Los grandes entrenadores entienden que su misión no es buscar reconocimiento, sino dejar una huella profunda en sus jugadores. Su satisfacción proviene de saber que ayudaron a construir los fundamentos técnicos, tácticos, físicos, mentales y humanos que quizás otros entrenadores perfeccionarán más adelante. Mientras el jugador lucha contra su rival en la cancha, el entrenador lucha contra la impaciencia del entorno, las expectativas, las dudas y la responsabilidad de tomar decisiones, cuyo verdadero resultado solo podrá evaluarse muchos años después.
Gracias Canchas de Tenis
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