Ananta Yoga Tepic

Ananta Yoga Tepic

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Un precioso Shala y un estilo único para tu práctica.

02/09/2026

𝕮𝖚𝖑𝖙𝖎𝖛𝖆 𝖙𝖚 𝖕𝖗𝖆́𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆. 𝕬𝖕𝖗𝖊𝖓𝖉𝖊 𝖆 𝖍𝖆𝖇𝖎𝖙𝖆𝖗𝖙𝖊.

Al principio, practicar Ashtanga puede parecer una cuestión de movimiento.

Aprender la secuencia. Recordar las posturas. Ganar fuerza. Desarrollar movilidad.

Pero si permaneces el tiempo suficiente, algo empieza a cambiar.

Comienzas a escuchar.

A reconocer cuándo el cuerpo puede avanzar y cuándo necesita que disminuyas el ritmo.

A distinguir entre el esfuerzo que construye y la exigencia que lastima.

Aprendes a respirar cuando una postura se vuelve difícil, en lugar de pelear con ella.

Aprendes también a observar la mente.

Sus prisas. Sus comparaciones. Su necesidad de conseguir algo. Su tendencia a estar en cualquier lugar excepto donde estás.

Y una y otra vez regresas.

A la respiración.

Al cuerpo.

A este momento.

Poco a poco, la práctica deja de ser solamente algo que 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖘 y comienza a convertirse en un espacio que 𝖍𝖆𝖇𝖎𝖙𝖆𝖘.

Un lugar donde puedes escucharte sin tantas distracciones. Donde el movimiento, la respiración y la atención se encuentran.

No significa que la mente siempre estará en silencio.

Significa que aprendemos a reconocer cuándo se ha ido… y encontramos el camino de regreso.

Quizá eso sea encontrar nuestro centro.

No un estado perfecto de calma, sino la capacidad de volver a nosotros mismos una y otra vez.

Cultiva tu práctica.

Escucha tu cuerpo. Respira. Observa. Regresa.

𝕹𝖔 𝖕𝖗𝖆𝖈𝖙𝖎𝖖𝖚𝖊𝖘 𝖘𝖔𝖑𝖆𝖒𝖊𝖓𝖙𝖊 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖒𝖆́𝖘 𝖈𝖔𝖓 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔.
𝕻𝖗𝖆𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆 𝖙𝖆𝖒𝖇𝖎𝖊́𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖕𝖗𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗 𝖆 𝖍𝖆𝖇𝖎𝖙𝖆𝖗𝖑𝖔.

31/08/2026

𝔄𝔰𝔥𝔱𝔞𝔫𝔤𝔞 𝔮𝔲𝔦𝔷𝔞́ 𝔫𝔬 𝔰𝔢𝔞 𝔩𝔬 𝔮𝔲𝔢 𝔢𝔰𝔭𝔢𝔯𝔞𝔟𝔞𝔰.
𝔓𝔲𝔢𝔡𝔢 𝔱𝔢𝔯𝔪𝔦𝔫𝔞𝔯 𝔰𝔦𝔢𝔫𝔡𝔬 𝔪𝔲𝔠𝔥𝔬 𝔪𝔞́𝔰.

Comenzar Ashtanga Yoga puede resultar desconcertante.

La secuencia parece larga. Algunas posturas son difíciles. La respiración se pierde. No recuerdas qué sigue. Descubres músculos que aparentemente llevaban años sin participar en ninguna conversación. 😄

Y quizá pienses:

“¿𝕰𝖘𝖙𝖔 𝖆𝖑𝖌𝖚́𝖓 𝖉𝖎́𝖆 𝖘𝖊 𝖘𝖊𝖓𝖙𝖎𝖗𝖆́ 𝖉𝖎𝖋𝖊𝖗𝖊𝖓𝖙𝖊?”

Sí.

Pero Ashtanga necesita algo que nuestra cultura de resultados inmediatos no siempre aprecia: tiempo y constancia.

Practicas.

Regresas.

Repites.

Y casi sin darte cuenta comienzan a aparecer pequeños cambios.

Un día descubres que llegas un poco más lejos. Que una postura que parecía imposible empieza a tener sentido. Que respiras con mayor tranquilidad mientras te mueves.

Después aparecen otros cambios menos evidentes.

Mayor concentración.

Más conciencia de tu cuerpo.

La capacidad de permanecer cuando algo resulta incómodo.

La disciplina de continuar incluso cuando no todo sale como quisieras.

Y entonces comprendes que la práctica estaba haciendo mucho más que enseñarte posturas.

Ashtanga no promete resultados instantáneos.

Lo que ofrece es un proceso.

Un proceso en el que la repetición, la respiración y la constancia permiten construir fuerza, movilidad, coordinación y una relación diferente con nuestro propio cuerpo.

Por eso, si estás comenzando y todavía todo parece extraño, difícil o incluso frustrante, date tiempo.

No necesitas hacerlo perfecto.

Solo necesitas continuar.

Porque algunos de los cambios más importantes de la práctica no ocurren de un día para otro.

𝕾𝖊 𝖈𝖔𝖓𝖘𝖙𝖗𝖚𝖞𝖊𝖓 𝖗𝖊𝖘𝖕𝖎𝖗𝖆𝖈𝖎𝖔́𝖓 𝖆 𝖗𝖊𝖘𝖕𝖎𝖗𝖆𝖈𝖎𝖔́𝖓, 𝖕𝖗𝖆́𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆 𝖙𝖗𝖆𝖘 𝖕𝖗𝖆́𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆.

Y un día miras hacia atrás y descubres que aquello que cambió no fue solamente tu cuerpo.

También cambió tu manera de habitarlo.

27/08/2026

𝗟𝗮 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗮𝘃𝗮𝗻𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗶𝗳𝗶́𝗰𝗶𝗹

Cuando vemos Ashtanga desde fuera, es fácil pensar que avanzar significa hacer posturas cada vez más complejas.

Una pierna detrás de la cabeza. Un equilibrio imposible. Una transición espectacular.

Pero las posturas avanzadas nunca han sido el verdadero objetivo de la práctica.

Porque puedes realizar una postura extraordinaria y seguir pensando en otra cosa.

Puedes tener una enorme flexibilidad y perder la paciencia cuando algo no sale como esperabas.

Puedes dominar una serie y continuar comparándote con quien practica a tu lado.

Entonces quizá las preguntas importantes sean otras:

¿𝙋𝙪𝙚𝙙𝙚𝙨 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚?

¿Puedes mantener la atención en tu respiración mientras el cuerpo se mueve?

¿𝙋𝙪𝙚𝙙𝙚𝙨 𝙨𝙚𝙧 𝙙𝙞𝙨𝙘𝙞𝙥𝙡𝙞𝙣𝙖𝙙𝙖(𝙤)?

¿Puedes regresar al tapete también los días en que la motivación no aparece?

¿𝐏𝐮𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐚𝐜𝐞𝐩𝐭𝐚𝐫 𝐭𝐮𝐬 𝐥𝐢́𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬?

¿Puedes modificar una postura sin sentir que por ello tu práctica vale menos?

¿𝙋𝙪𝙚𝙙𝙚𝙨 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙞𝙧 𝙘𝙧𝙚𝙘𝙞𝙚𝙣𝙙𝙤?

No solamente en fuerza, movilidad o equilibrio, sino también en paciencia, humildad, atención y conocimiento de ti mismo.

Las posturas son importantes. Nos desafían, nos enseñan y nos permiten explorar las posibilidades de nuestro cuerpo.

Pero son una herramienta, no el destino.

Con el tiempo, quizá descubramos que avanzar en Ashtanga tiene cada vez menos que ver con aquello que podemos hacer con nuestro cuerpo y mucho más con quiénes somos mientras lo hacemos.

Porque la práctica más avanzada no necesariamente es la que se ve más impresionante.

A veces es simplemente aquella en la que finalmente aprendimos a estar presentes.

25/08/2026

𝗔𝘀𝗵𝘁𝗮𝗻𝗴𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗾𝘂𝗶𝘀𝘁𝗮. 𝗦𝗲 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮.

Cuando comenzamos a practicar Ashtanga Yoga es fácil pensar en términos de progreso.

Llegar más lejos. Hacer esa postura. Conseguir el salto. Completar la serie.

Como si en algún punto pudiéramos decir: “𝗬𝗮 𝗹𝗹𝗲𝗴𝘂𝗲́.”

Pero los años nos enseñan algo diferente.

𝗡𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗾𝘂𝗶𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗔𝘀𝗵𝘁𝗮𝗻𝗴𝗮. 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲𝗰𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗮́𝗰𝘁𝗶𝗰𝗮.

Y, como todas las relaciones importantes, esa relación cambia con el tiempo.

Hay momentos de entusiasmo y descubrimiento. Épocas en las que el cuerpo avanza rápidamente y otras en las que parece detenerse. Llegan lesiones, cambios de energía, responsabilidades, años que se acumulan y cuerpos que inevitablemente se transforman.

Entonces comenzamos a comprender que practicar no significa hacer siempre lo mismo de la misma manera.

A veces avanzar será aprender una postura nueva.

Otras veces será modificarla.

Y quizá, algún día, avanzar signifique aceptar tranquilamente que una postura que antes hacíamos ya no es necesaria.

Porque el verdadero hilo conductor nunca fue la postura.

Fue regresar.

Respirar.

Observar.

Escuchar el cuerpo que tenemos hoy y practicar desde ahí.

Con los años dejamos de preguntarnos cuánto nos falta para dominar Ashtanga y empezamos a descubrir cuánto puede enseñarnos todavía.

𝗣𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮. 𝗗𝗶𝘀𝗰𝗶𝗽𝗹𝗶𝗻𝗮. 𝗛𝘂𝗺𝗶𝗹𝗱𝗮𝗱. 𝗔𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻.

La práctica cambia porque nosotros cambiamos.

Por eso Ashtanga no es una meta que algún día alcanzamos.

Es una relación que cultivamos.

Un camino que recorremos durante años y que, curiosamente, mientras más avanzamos, menos necesidad sentimos de llegar a algún lugar.

No tienes que conquistar la práctica.

𝗦𝗼𝗹𝗼 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹𝗹𝗮.

19/08/2026

Lᴀ ᴘʀᴀ́ᴄᴛɪᴄᴀ ᴍᴀᴅᴜʀᴀ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ᴅᴇᴊᴀ ᴅᴇ ᴛʀᴀᴛᴀʀsᴇ sᴏʟᴏ ᴅᴇ ᴛɪ

Al principio es natural que gran parte de nuestra atención esté puesta en nosotros mismos.

Queremos mejorar una postura, ganar flexibilidad, sentirnos más fuertes, avanzar en la serie.

Y no hay nada malo en ello.

Pero con los años, la práctica puede comenzar a enseñarnos algo diferente.

Descubrimos que hacer una postura difícil no necesariamente nos convierte en mejores practicantes. Que acumular años de experiencia no significa tener todas las respuestas. Y que aquello que aprendemos adquiere un sentido distinto cuando podemos ponerlo al servicio de otros.

Ahí aparece una forma diferente de maestría.

Una que necesita menos demostración y más escucha.

Menos necesidad de tener razón y más disposición para comprender.

Menos ego y más capacidad de acompañar.

En el tapete aprendemos humildad cada vez que el cuerpo nos recuerda nuestros límites. Aprendemos paciencia cuando algo no sucede al ritmo que queremos. Y aprendemos a observarnos cuando descubrimos esa necesidad tan humana de compararnos, destacar o demostrar.

Quizá el verdadero avance comience cuando esas enseñanzas salen del tapete.

Cuando nuestra experiencia nos hace más generosos, más atentos y más útiles para quienes nos rodean.

Porque la maestría no consiste solamente en cuánto sabemos o en todo lo que somos capaces de hacer.

También se expresa en lo que podemos aportar a los demás con aquello que hemos aprendido.

Al final, quizá una práctica profunda no sea la que alimenta nuestra importancia.

Sino la que, poco a poco, nos enseña a necesitarla menos.

17/08/2026

𝕽𝖊𝖘𝖕𝖎𝖗𝖆. 𝕸𝖚𝖊́𝖛𝖊𝖙𝖊. 𝕳𝖆𝖇𝖎𝖙𝖆 𝖙𝖚 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖕𝖔.

Pasamos buena parte del día viviendo en nuestros pensamientos.

Recordando lo que ocurrió. Anticipando lo que falta por hacer. Resolviendo problemas. Planeando lo que viene después.

Mientras tanto, el cuerpo sigue ahí.

En Ashtanga Yoga, la práctica nos invita a regresar a él.

Cada movimiento se enlaza con la respiración. Inhalamos y el cuerpo se expande. Exhalamos y profundizamos. Nos movemos, sostenemos una postura, observamos una sensación y volvemos a respirar.

Poco a poco, nuestra atención comienza a cambiar.

Dejamos de pensar solamente en cómo se ve la postura y comenzamos a percibir cómo se siente.

La tensión de un músculo.

El apoyo de los pies sobre el tapete.

El equilibrio.

El latido del corazón.

El aire entrando y saliendo.

La respiración se convierte entonces en un hilo que mantiene unidos cuerpo, movimiento y atención.

Y cuando estamos realmente atentos a todo eso, queda menos espacio para pensar en lo que ocurrió ayer o preocuparnos por lo que tendremos que hacer mañana.

Estamos aquí.

En este cuerpo.

En esta respiración.

En este movimiento.

Quizá por eso una práctica física puede convertirse también en una práctica de presencia.

No necesitamos desconectarnos del cuerpo para encontrar calma.

Podemos hacer exactamente lo contrario:

entrar completamente en él.

Respira. Muévete. Siente.

Habita tu cuerpo.

12/08/2026

Tᴜ ᴄᴜᴇʀᴘᴏ ʏᴀ sᴀʙᴇ ʟᴏ ǫᴜᴇ sɪɢᴜᴇ. Y ᴇsᴏ ᴛᴀᴍʙɪᴇ́ɴ ɪᴍᴘᴏʀᴛᴀ.

En Ashtanga repetimos una secuencia conocida.

Saludo al sol. Posturas de pie. Posturas sentadas. Cierre.

Una y otra vez.

Desde fuera, repetir siempre una estructura similar podría parecer monótono. Sin embargo, precisamente ahí se encuentra una de las cualidades más interesantes de la práctica.

Con el tiempo, dejamos de preguntarnos constantemente: ¿qué sigue?

El cuerpo reconoce los movimientos. La respiración encuentra su ritmo. Las transiciones se vuelven familiares.

Y la mente recibe un mensaje sencillo:

“Esto ya lo conozco.”

En una vida cotidiana llena de cambios, decisiones, pendientes y estímulos inesperados, encontrarnos regularmente con una estructura conocida puede reducir parte de la carga mental y ofrecernos una sensación de previsibilidad.

No significa que todas las prácticas sean iguales.

El cuerpo cambia cada día. Nuestra energía cambia. También cambia nuestra manera de experimentar una misma postura.

Pero la estructura permanece.

Y precisamente porque sabemos qué viene después, podemos dedicar menos atención a decidir qué hacer y más a observar cómo estamos haciéndolo.

Cómo respiramos.

Qué sentimos.

Dónde aparece tensión.

Cuándo necesitamos avanzar y cuándo necesitamos respetar un límite.

La repetición deja entonces de ser monotonía y se convierte en profundidad.

Ashtanga nos ofrece algo cada vez más escaso en nuestra vida diaria: un espacio conocido en el que podemos simplemente estar presentes.

La secuencia es la misma.

Quien llega al tapete cada día, no.

10/08/2026

𝕹𝖔 𝖘𝖎𝖊𝖒𝖕𝖗𝖊 𝖙𝖎𝖊𝖓𝖊𝖘 𝖌𝖆𝖓𝖆𝖘 𝖉𝖊 𝖕𝖗𝖆𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆𝖗.
𝕻𝖊𝖗𝖔 𝖓𝖚𝖓𝖈𝖆 𝖙𝖊 𝖆𝖗𝖗𝖊𝖕𝖎𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖍𝖆𝖇𝖊𝖗 𝖕𝖗𝖆𝖈𝖙𝖎𝖈𝖆𝖉𝖔.

Hay días en los que desenrollar el tapete resulta fácil.

Tenemos energía, disposición y ganas de movernos.

Y hay otros en los que sucede exactamente lo contrario.

Estamos cansados. Tuvimos un día complicado. Hace frío, hace calor, tenemos pendientes… y nuestra mente puede encontrar una larga lista de razones para no practicar.

Es normal.

La motivación no está presente todos los días.

Por eso, una práctica que se construye a lo largo de los años no puede depender únicamente de ella.

Ahí aparece la disciplina.

No como una obligación rígida ni como la necesidad de exigirnos siempre lo mismo, sino como el compromiso de regresar.

Desenrollar el tapete. Comenzar a respirar. Hacer el primer saludo al sol.

Y observar qué sucede.

Quizá ese día la práctica sea intensa. Quizá necesitemos hacer menos, modificar algunas posturas o simplemente movernos con mayor suavidad.

No importa.

Lo importante es haber estado ahí.

Porque muchas veces llegamos al tapete cansados, distraídos o sin ganas… y terminamos la práctica sintiéndonos diferentes: más presentes, más tranquilos, más conectados con nosotros mismos.

Con el tiempo comprendemos algo:

no practicamos solamente los días en que tenemos ganas.

Practicamos porque hemos aprendido el valor que tiene hacerlo.

La motivación puede llevarnos al tapete algunos días.

La disciplina es la que nos permite regresar durante años.

Hoy quizá no tengas ganas de practicar.
Practica de todos modos.
Después hablamos. 😉

05/08/2026

Regálate un momento para ti. Ashtanga puede ser ese espacio.

Haz una pausa.

Este momento es para ti.

Vivimos pendientes de muchas cosas: El trabajo, la familia, los compromisos, el teléfono, los pendientes de mañana… Es fácil pasar el día atendiendo a todos, excepto a nosotros mismos.

Con el tiempo, olvidamos que también necesitamos un espacio para respirar, movernos y simplemente estar.

Eso es lo que muchas personas encuentran en la práctica de Ashtanga Yoga.

No es un momento para demostrar nada ni para competir.

Es un momento para escucharte.

Para sentir cómo respiras.

Para descubrir cómo está tu cuerpo hoy.

Para dejar que, durante un rato, la atención deje de estar en todo lo que sucede afuera y regrese a ti.

La práctica no exige que llegues siendo flexible, fuerte o experto.

Solo te invita a estar presente.

Y, curiosamente, cuando nos damos ese tiempo, muchas cosas comienzan a cambiar. No porque el mundo se detenga, sino porque nosotros aprendemos a vivirlo con más calma, más claridad y mayor conciencia.

Dedicarte un tiempo no es un lujo.

Es una forma de cuidar tu salud, tu cuerpo y tu mente.

Porque para poder cuidar de los demás, también necesitamos aprender a cuidarnos a nosotros mismos.

Respira. Muévete. Regálate ese espacio.

Quizá hoy sea un buen día para empezar.

03/08/2026

¿Estrés? ¿La mente no se detiene?
Encuentra tu centro. Respira. Practica Ashtanga.

Hay días en los que parece que todo ocurre al mismo tiempo.

Pendientes por terminar, mensajes por responder, decisiones por tomar… y una mente que no deja de correr.

En esos momentos, encontrar un espacio para detenerse puede marcar una gran diferencia.

La práctica de Ashtanga Yoga nos invita a volver a lo esencial: respirar, movernos con conciencia y dirigir toda nuestra atención al momento presente.

Poco a poco, la respiración encuentra un ritmo. El cuerpo libera tensiones. La mente deja de saltar de un pensamiento a otro y comienza a enfocarse en una sola cosa: la práctica.

No es que los problemas desaparezcan.

Es que aprendemos a responder a ellos desde un lugar más estable.

Con el tiempo, esa calma que cultivamos sobre el tapete empieza a acompañarnos fuera de él: en el trabajo, en casa, en una conversación difícil o en medio de un día complicado.

Ashtanga no busca que escapes de la realidad.

Busca darte herramientas para habitarla con mayor claridad, serenidad y presencia.

Porque, a veces, todo empieza con algo tan simple como una respiración consciente.

Encuentra tu centro. Respira. Practica.

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