Con rienda firme se doma la vida, como el Charro que, con temple y gallardía, sujeta al potro que relincha contra el viento.
La existencia, cual caballo cerril, se presenta briosa, altiva y a veces rebelde; mas sólo el varón de entereza logra ceñirla con lazos de voluntad y honor.
Domar la vida no es doblegarla hasta la servidumbre, sino encauzar su ímpetu hacia la nobleza.
Es el arte de la mesura, donde la rienda simboliza la prudencia, y el ademán firme representa la dignidad.
Así, quien doma su jornada con rectitud, convierte cada jornada en faena de gloria, cada tropiezo en enseñanza, y cada sacrificio en memoria de hidalguía.
En este decir, la doma es metáfora de gobierno interior: no se trata de sofocar el espíritu, sino de guiarlo con señorío.
Porque la vida, como el caballo, pide respeto y firmeza; y sólo quien sabe domarla con rienda firme puede llamarse caballero de su propio destino.
Don Juan Ramón Gómez y Viveros (Escritor, Charro y Filántropo).
Don Juan Ramón Gómez y Viveros
Escritor, Charro y Filántropo; Presidente Nacional de Fundación CORCEL A.C.
Gran promotor de la cultura charra y las causas sociales, autor de obras reconocidas en México, USA y España por su labor artística y humanitaria. Don Juan Ramón Gómez y Viveros es un reconocido charro, escritor y defensor de las tradiciones mexicanas, autor de importantes obras sobre la charrería y recopilador de la sabiduría popular mexicana. Trayectoria y Legado:
Don Juan Ramón Gómez y Viveros
A la sombra del cielo abierto y sobre la noble estampa de mi cuaco, hallé ese sosiego que sólo concede la unión sincera entre el Charro y su caballo.
En su andar gallardo y en el templar de sus bríos, se me reveló, una vez más, que no hay mayor riqueza que cabalgar con el corazón en alto y el honor por guía.
Porque quien conoce el paso de su caballo, conoce también el rumbo de su alma.
Don Juan Ramón Gómez y Viveros (Escritor, Charro y Filántropo).
Proemio del Ex Libris.
De Don Juan Ramón Gómez y Viveros.
Sea este ex libris signo manifiesto de identidad, memoria y propósito, trazado conforme al antiguo arte de la heráldica, donde cada figura habla en silencio y cada símbolo guarda razón de ser.
Corónase el escudo con diadema de noble factura, no como vana ostentación de linaje heredado, sino como emblema de dignidad alcanzada por virtud, constancia y obra.
Es así que la nobleza aquí representada no dimana únicamente de la sangre, sino del mérito y del recto obrar a lo largo del tiempo.
A ambos lados se alzan, en ademán firme y vigilante, dos leones rampantes, custodios perpetuos del campo que resguardan. Desde antiguo, tales criaturas han sido tenidas por imagen de valor, coraje y señorío, y no en vano sostienen este escudo, pues significan que todo cuanto en él se encierra se halla amparado por la fortaleza y el honor.
En ellos pervive asimismo la memoria del apellido Gómez, cuya tradición ha hallado en el león una de sus más nobles figuras.
Tras los leones se elevan ramas de laurel, discretas mas elocuentes, señal inequívoca de triunfo legítimo y gloria adquirida.
No se trata de vana promesa ni de deseo aún por cumplirse, sino de reconocimiento ya alcanzado en el ejercicio de la vida y en la obra del espíritu.
Divídese el cuerpo del escudo en cuatro partes, cada una portadora de significado cierto:
En la primera, el león, imagen de linaje, nobleza y fuerza interior, afirma la raíz y continuidad de la tradición.
En la segunda, el caballo, de noble andadura, representa la libertad, la gallardía y el espíritu indomable, propios de la vida charra que ennoblece al portador.
En la tercera, el libro abierto manifiesta la inclinación al saber, la vocación de escribir y la edificación del pensamiento.
En la cuarta, el árbol frondoso se yergue como signo de vida, raíz y permanencia, dando cuenta de un legado que crece y se perpetúa más allá del tiempo presente.
Sostiene todo el conjunto el lema:
FORTITUDO ET HONOS: "fortaleza y honor”, principio y causa de cuanto se es y de cuanto se edifica.
Añádese la expresión “Ex Libris”, que declara pertenencia no solamente material, sino también espiritual e intelectual de las obras que este signo acompañan.
Y al pie, en orden solemne, el nombre:
Don Juan Ramón Gómez y Viveros,
el cual no es mera inscripción, antes bien firma y legitimación de este blasón, que así se convierte en seña propia y singular.
De esta guisa, el escudo aquí dispuesto da testimonio de un hombre cuya vida se funda en el honor, cuya obra se custodia por el valor, y cuyo empeño une tradición, saber y raíz para dejar en el mundo huella perdurable.
Atte.
Maximiliano de la Peña.
El charro auténtico sabe que su honra se refleja en el lomo de su caballo.
Porque cuidar de un caballo no es tarea menor, es cuidar de la historia, de la tierra y de la memoria viva de nuestra cultura.
Así, la charrería se convierte en espejo de valores: respeto, disciplina y amor por lo que nos da identidad.
Y en ese reflejo, el caballo es compañero, maestro y símbolo de que la grandeza se mide en la forma en que cuidamos lo que nos ha sido confiado.
Don Juan Ramón Gómez y Viveros (Escritor, Charro y Filántropo).
Agradecer lo que tenemos es como cuidar el caballo que nos acompaña en la jornada: mientras más lo atendemos, más fuerza nos regala para seguir adelante.
La gratitud abre caminos, multiplica las bendiciones y nos recuerda que la riqueza verdadera no está en lo que falta, sino en lo que ya late en nuestras manos y en nuestro corazón.
Excelente inicio de mes!
Don Juan Ramón Gómez y Viveros (Escritor, Charro y Filántropo).
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