La Adiccion

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Pasión, historia y aguante. Este es un espacio no oficial dedicado a La Adicción, donde la voz de la tribuna vive más allá del estadio.

Aquí se comparten recuerdos, cantos, viajes y la identidad de quienes siguen a Monterrey con el corazón en la mano. Centro - Emilio Carranza 608 entre Matamoros y Allende Centro de Monterrey
Lunes a Sabado de 10 am a 8 pm
Tel 89-95-88-12

Interplaza - Planta Baja Kiosco 10
Todos los dias de 10 am a 8 pm

Revolucion - Jose Alvarado esquina J. Cantu Leal a una cuadra de las oficinas del Club de Fut

07/07/2026

Once días para volver a hacer el mismo ritual de siempre. Preparar la playera, reencontrarnos con la banda y regresar a nuestra segunda casa.

Mientras el Mundial sigue su curso y el planeta vive su propia fiesta, en Monterrey hay una cuenta regresiva distinta. La que marca el regreso de Rayados.

Porque por más partidos internacionales que haya, nada se compara con escuchar el silbatazo inicial en el BBVA, ver salir al equipo y dejar la garganta en la tribuna.

La Adicción ya está ansiosa. Extraña el bombo, las banderas, los abrazos en los goles y esos 90 minutos en los que todo lo demás deja de importar.

11 días... y la cuenta regresiva ya comenzó.


05/07/2026

ALIENTO TOTAL AL TRICOLOR.

28/06/2026

Hoy cumple 81 años el Club de Fútbol Monterrey. Ocho décadas de triunfos, derrotas, noches inolvidables y sueños cumplidos. Pero esta historia no solo se escribió en la cancha; también se escribió en las tribunas.

La Adicción ha sido parte de ese camino. Generaciones enteras han dejado la garganta, el corazón y el alma alentando al Monterrey, sin importar el estadio, la ciudad, el marcador o la distancia. Porque ser Rayado no es una moda, es una forma de vivir.

Entre bombos, banderas, papel picado y miles de gargantas cantando al unísono, se han creado recuerdos que van mucho más allá del fútbol. Se han formado amistades para toda la vida, se han unido familias y se ha demostrado, una y otra vez, que la pasión de esta hinchada nunca abandona.

Feliz aniversario, Monterrey. Que estos 81 años sean solo una parte de una historia que seguiremos escribiendo juntos, siempre desde la tribuna, alentando hasta el último minuto.

Porque los jugadores pasan, las generaciones cambian… pero la pasión de La Adicción y el amor por el Monterrey permanecen para siempre. 💙🤍🎺

18/06/2026

Hoy ya muchos entendemos el por qué su gestión terminó siendo un fracaso...

Porque mientras la afición veía al equipo más caro del país, él veía un club al que no se le debía exigir tanto.

Mientras la afición veía una plantilla repleta de seleccionados nacionales e internacionales, él veía un equipo al que había que tenerle paciencia.

Mientras la afición llenaba el mejor estadio de México cada quince días, él pensaba que la exigencia era exagerada.

Y ahí está el problema.

Rayados no es un equipo humilde que compite con lo que puede. Rayados tiene una de las nóminas más altas del continente, instalaciones de primer nivel, una afición que nunca abandona y el respaldo económico que cualquier club en México quisiera tener.

Con todo eso, la obligación era ganar.

No pedir que bajaran la exigencia.

Lo más increíble es que estas palabras llegan después de años de decisiones cuestionadas, cambios de entrenadores, millones invertidos y un título de Liga que jamás apareció.

Por eso a muchos rayados les resulta imposible no señalarlo como el peor presidente deportivo que ha pasado por la institución.

No porque haya heredado un mal equipo.

No porque le faltaran recursos.

No porque tuviera una afición indiferente.

Sino porque tuvo absolutamente todo para triunfar y aun así se fue dejando la misma cifra de campeonatos de Liga que encontró.

La exigencia nunca fue el problema, Tato.

El problema fue que el club más poderoso de México tuvo una dirigencia que nunca estuvo a la altura de su grandeza.

Y eso es algo que la afición difícilmente va a olvidar...

Monterrey o Muerte

17/06/2026

No hay que dejar de lado, ni mucho menos olvidar nunca en la vida aquellos momentos que nos hicieron sentir invencibles.

A un año de aquel grito de gol que nos llevó al cielo por un momento, volveremos por lo nuestro y algún día cumpliremos ese sueño.

Recuerden siempre que MTY NO LE TEME A NADIE.

Y el que no salta , NO VA AL MUNDIAL🎶🎶

14/06/2026

Mi crónica de cada año… Para que nunca se olvide

"Todos los campeonatos son hermosos, pero este fue especial. Fue el más esperado. Esa estrella debe permanecer grabada en la memoria de todos los Rayados. Hoy se cumplen 21 años. Cómo pasa el tiempo… pero los recuerdos de aquellas alegrías siguen tan vivos como entonces."

Crónica de una alegría: Mis recuerdos del Campeonato 2003

Después del campeonato de 1986, muchos de los que formábamos parte de La Adicción jamás habíamos visto campeón al Monterrey. Tras navegar durante años entre temporadas malas y peores, especialmente en los primeros años de la barra —98, 99 y 2000—, levantar una copa parecía más un sueño que una posibilidad.

Monterrey era un cheque al portador cada vez que salía de visita. Un empate se celebraba como una victoria. Fueron años difíciles, hasta que llegó Daniel Alberto Passarella al banquillo tras la salida de José Treviño.

Después de una buena temporada, con el único tropiezo doloroso en el Clásico durante la fase regular, calificamos a la liguilla. El primer obstáculo era Atlas. Tras empatar el juego de ida comenzó a vislumbrarse una posibilidad que parecía escrita por el destino: una semifinal regia.

Cuando Monterrey eliminó al Atlas en la vuelta, los resultados se acomodaron y se confirmó lo impensable. La ciudad enloqueció. No era un Clásico más. Era el Clásico. El que no se podía perder bajo ninguna circunstancia. El ganador sería el dueño de la ciudad y disputaría el campeonato del país.

La ciudad más pasional de México hervía de emociones. Tocaba abrir la semifinal en el "Cenicero" de San Nicolás. Para muchos fue el mejor miércoles de nuestras vidas.

Miles de Rayados nos reunimos frente a la Monumental, ansiosos por partir en caravana. Cientos de trapos y banderas adornaban el camino, pero lo más importante era el aliento que llevábamos guardado en el pecho desde hacía días. Había llegado el momento de soltarlo.

Comenzó el partido. Ellos en la cancha y nosotros en la tribuna.

En un encuentro inolvidable, Tigres se adelantó en el marcador a quince minutos del descanso. Pero La Pandilla respondió pronto. Diez minutos después apareció nuestro eterno capitán, Jesús Arellano, para empatar el encuentro.

Terminó el primer tiempo.

Y apenas comenzaba la fiesta.

Arrancó la segunda mitad. Tiro de esquina para Monterrey. Cobró Arellano, mandó el centro y Guillermo Franco se adelantó a todos para marcar el gol de la ventaja. Éramos dueños del partido.

Después cayó el tercero, obra nuevamente de Jesús Arellano en un contragolpe letal. La alegría era indescriptible.

Los de enfrente estaban desesperados. Dejaban espacios por todos lados y nuestros delanteros lo aprovecharon. En una descolgada llegó el cuarto gol.

Era una locura.

El estadio quedó en silencio. Sólo se escuchaban los gritos de felicidad de los Rayados que estábamos ahí.

Y arriba, en lo alto del estadio, quedó grabada para siempre una imagen imborrable:

Ti6r35 1 - Visitante (MTY) 4

Un marcador que se convirtió en símbolo eterno de aquella noche.

Ya teníamos un pie y medio en la final. La vuelta fue prácticamente un trámite. Habíamos ganado el Clásico más importante de la historia. No era sólo haber derrotado al rival de toda la vida; era saber que estábamos a dos partidos de la gloria.

Y qué privilegio haberlo vivido.

Podrán pasar cien años y aquella noche seguirá siendo contada por padres, hijos y nietos.

Estábamos en la final.

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Después de aquella semifinal llena de emociones, llegaba el momento más esperado por toda la comunidad rayada.

La final contra Morelia.

En el partido de ida, Monterrey se puso arriba por tres goles de diferencia. El Tecnológico era un manicomio. La gente ya se imaginaba levantando la copa. Sin embargo, en los últimos minutos cayó un gol de Morelia que dejó la serie abierta.

El silbatazo final no marcó el final del partido. Marcó el inicio de dos días eternos de ansiedad.

Dos días soñando con llegar a Morelia.

Dos días imaginando el momento.

Dos días que parecieron meses.

Por fin llegó la fecha.

Había cerca de diez mil Rayados buscando un boleto para la final, pero apenas existían cinco mil disponibles. Los demás no perdieron la esperanza.

A esos viajes improvisados les llamamos los famosos "Autobuses Braveados".

Era impresionante ver aquella interminable fila de camiones sobre Zaragoza. Parecía una extensión de la central camionera. Gente doblando banderas, acomodando trapos, cargando papel picado y buscando su autobús.

La Macroplaza se transformó durante unas horas en una enorme verbena albiazul.

Llegaban aficionados de todos los rincones de Nuevo León.

Y entonces partimos.

Una caravana interminable de camiones avanzaba por Constitución. En cada ventana ondeaba una bandera. La ciudad nos despedía entre claxonazos, aplausos y buenos deseos.

El viaje fue una mezcla de risas, cervezas, canciones y sueños.

Hubo un momento de preocupación cuando uno de los autobuses chocó contra una caseta de cuota. Afortunadamente no hubo lesionados y todos pudieron continuar el viaje.

La alegría regresó.

Ya estábamos en Morelia.

Varias horas antes del partido, el centro histórico parecía una sucursal de Monterrey. Las calles estaban pintadas de azul y blanco. Había una confianza enorme. Sentíamos que era nuestro momento.

Que todos aquellos años de viajes, sacrificios, aventuras y malos ratos por fin serían recompensados.

Al llegar al estadio, algunos seguían buscando boletos desesperadamente. Muchos lo lograron. Otros tuvieron que ver el partido desde el famoso "palco" improvisado en el Cerro del Quinceo.

Nuestra tribuna estaba repleta.

Era imposible dar un paso.

Pero qué hermosa se veía, tapizada de banderas y trapos albiazules.

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El partido fue cerrado, intenso y sufrido.

Monterrey jugó con inteligencia y mantuvo el cero.

Llegaron los últimos diez minutos.

Y entonces se cantó por última vez aquella canción que nos acompañó durante años:

"Volveremos, volveremos, volveremos otra vez... volveremos a ser campeones como en el 86..."

Aquella noche se escuchó como nunca.

Y tal vez porque todos sabíamos que era la última vez que la cantaríamos.

Nunca me había sentido tan feliz.

Era la primera vez que vivía a mi equipo campeón.

Entonces llegó el silbatazo final.

Gritos.

Abrazos.

Lágrimas.

Y en el cielo de Morelia comenzaba a brillar la segunda estrella del Monterrey.

Vi llorar de felicidad a compañeros de viajes, de aventuras y de batalla.

Después de tantos años, por fin éramos campeones.

Aquella tribuna se convirtió en la capital de la felicidad.

Cantábamos, nos abrazábamos y esperábamos ver al equipo dar la vuelta olímpica.

Cómo olvidar cuando, antes de celebrar con sus jugadores, Passarella corrió hacia nuestra tribuna para festejar con nosotros. Fue una comunión perfecta entre el Monterrey y su gente.

Llegó la premiación.

Y quedó grabada para siempre una imagen en mi memoria:

Jesús Arellano levantando la copa.

La fotografía que al día siguiente sería portada de los periódicos de todo el país.

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El regreso a Monterrey se hizo corto.

Nadie quería dormir.

Queríamos llegar cuanto antes para seguir celebrando.

Arribamos a la Macroplaza apenas unos minutos después de que terminara la ceremonia de recibimiento al equipo. Pero eso no importó.

Los autobuses que llegamos ahí seguimos la fiesta.

Porque había noches que terminaban.

Y había noches como aquella que parecían eternas.

Han pasado 21 años.

Muchos de los que estuvimos ahí tenemos más canas, más responsabilidades y menos tiempo.

Algunos compañeros ya no están.

Pero cada vez que llega junio, volvemos a ser aquellos muchachos que cantaban sin voz, que viajaban sin dinero y que soñaban con ver campeón al Monterrey.

Y por fortuna, nos tocó vivirlo.

Si llegaste hasta aquí, gracias por tomarte el tiempo de leer estos recuerdos y por permitir que estas palabras sigan manteniendo viva aquella noche que cambió nuestras vidas.

💙⭐🏆

10/06/2026

Un nuevo torneo está por comenzar.👊🏼⚽

Jugadores, Cuerpo Técnico y Afición estamos listos para recorrer este juntos . 🔵⚪

10/06/2026

🇫🇮 RAYADOS MI BUEN AMIGO 🏴󠁧󠁢󠁳󠁣󠁴󠁿

Abonos temporada 26-27 aviso para renovaciones, no te quede fuera, toda la info en la imagen sobre renovaciones…

Sigue nuestra redes sociales para estar actualizado con todas las noticias que habrá previo a este torneo…

Se viene el Monterrey y su gente

03/06/2026

No nos gusta decir adiós a los nuestros.

Por eso preferimos pensar que Casper no se fue... solo cambió de tribuna.

Hoy llegó a esa grada eterna donde ya lo esperaban tantos hermanos que dejaron una huella entre nosotros: Upa, Aron, Pikolo, Juve, Manotas, Chícharo, Eli, Ary, Pepe Copias, Kano, Gera y todos aquellos que hicieron de la tribuna su segunda casa.

Seguramente ya están acomodando los trapos, organizando la caravana y preparando los cantos para alentar desde arriba.

Aquí abajo quedará su lugar vacío, pero su recuerdo seguirá vivo en cada viaje, en cada bandera y en cada "¡Dale Rayados!" que retumbe en la popular.

Porque un hincha de verdad no muere.

Solo emprende el viaje a la tribuna del cielo.

Y desde allá, junto a todos los que se adelantaron en la caravana, seguirá alentando al Monterrey como lo hizo toda su vida.

Buen viaje, Casper.

La tribuna te llora hoy, pero también te recordará siempre.

Hasta que nos volvamos a encontrar en la misma grada, hermano.

Monterrey o Muerte

25/05/2026

¿Qué significa ser de Monterrey?

Ser de Monterrey no es solamente apoyar a un equipo de fútbol. Es una forma de vivir, una costumbre que se vuelve parte de tu día a día. Es esa mamá que adelanta la comida porque sabe que hoy juegan los Rayados. Es despertarte distinto desde temprano, con esa emoción que no se puede explicar y que solo se resume en una frase: hoy juega el Monterrey.

Ser Rayado es acomodar toda tu vida alrededor de noventa minutos. Saber a qué hora levantarte, comer, salir y llegar al estadio o prender la televisión. Porque cuando juega Monterrey, todo lo demás puede esperar.

Cuántas veces dijimos “no puedo, juega Monterrey”. Cuántas reuniones, fiestas o compromisos quedaron de lado porque había que estar presentes. Porque para muchos ir al estadio no es solo ir a ver fútbol, es ir a nuestro lugar en el mundo. Nuestra misa de cada semana.

Ser de Monterrey es vivir conectado a estos colores. Abrir el celular apenas despiertas para revisar noticias del equipo, hablar de refuerzos, alineaciones o resultados. Es comprar una camiseta aunque ya tengas demasiadas, porque ninguna se siente igual a la otra.

Ser Rayado es cantar canciones de la tribuna en cualquier lugar; en la calle, en el trabajo o en la escuela. Es golpear la mesa siguiendo el ritmo de los bombos y sentir orgullo cuando alguien más responde con el mismo canto. Es mirar alrededor y darte cuenta de que nunca estás solo en esta locura.

Ser de Monterrey también es hacer sacrificios. Ahorrar para un viaje, desvelarte por seguir al equipo, soportar que te digan “estás loco”. Y aun así volverías a hacerlo mil veces, porque no hay sensación más grande que ver salir al equipo a la cancha.

Es entrar al estadio y sentirte en casa. Reconocer las banderas, las canciones, a la gente de siempre, incluso a los desconocidos con los que compartes la misma pasión. Porque ahí todos hablamos el mismo idioma: el amor por Monterrey.

Ser de Monterrey es herencia. Es abrazar a tu papá, a tu abuelo o a quien te enseñó estos colores. Es ver nuevas generaciones cantando las mismas canciones y sintiendo la misma piel chinita cada vez que rueda el balón.

Ser Rayado es defender estos colores en las buenas y sobre todo en las malas. Es entender que esta pasión no depende de títulos ni de momentos. Porque el verdadero hincha nunca abandona.

Para muchos puede parecer una exageración. Para nosotros es felicidad, identidad y orgullo. Ser de Monterrey es vivir con el corazón pintado de azul y blanco. Y aunque haya quienes nunca lo entiendan, el que lo siente… sabe perfectamente lo que significa.

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