21/09/2026
En Cuicalli no solo tenemos maestros que son expertos en su área profesional.
Si de algo estoy orgullosa, es de la calidad humana que tiene cada uno de ellos.
Bere, con esa precisión y ese empuje que hace que sí puedas, sin forzarte, sin lastimarte. Tiene la misma paciencia para la que acaba de llegar, como para la que lleva años aquí, y a cada una le exige para dar su máximo posible y seguir creyendo en ellas.
Hatze, con ese corazón grandote, esa mente creativa e inquieta y ese espíritu rebelde. Se sienta y escucha a sus alumnas, platica con ellas. Reflexionan, estudian al cuerpo, ese ente a través del cual vivimos.
Fátima, de las primeras en subirse al proyecto, cuando a ella le enseñaron que el ballet era solo para las jovencitas, tuvo fe y cree fervientemente en cada una de sus alumnas niñas y adultas y con amor, tacto y seguridad las anima a llegar más lejos. Con una técnica fina, quienes pasan por sus manos, crecen.
Genaro, un amigo de cuando éramos ambos estudiantes en el Instituto de Artes. Un musicoterapeuta con un corazón empático, amable, capaz de recibir y de dar en la misma medida. Por algo sana con su música.
Mario, de espíritu firme, un artista en toda la palabra, porque además de actuar, canta y compone. Siempre tiene un sí, siempre está dispuesto a intentar cosas y proyectos nuevos.
Y bueno, yo no me echo flores, pero en mi corazón caben todas mis alumnas y mis compañeros maestros.
Este semestre esto muy contenta de haber formado un equipo tan bonito. A quienes contrato no por el excelente curriculum que tienen, sino porque al verlos, al estar frente a ellos, mi ojo de bruja me dice "este/esta es el bueno", y vaya que sí.