01/08/2026
Queremos hacer una publicación que, sinceramente, no nos gusta hacer. Normalmente no acostumbramos exponer este tipo de situaciones en redes sociales, porque consideramos que los problemas siempre pueden resolverse de manera directa. Sin embargo, en esta ocasión sentimos la responsabilidad de compartir nuestra experiencia, ya que lo ocurrido no fue un simple mal servicio; fue una falta de respeto, una burla y un acto de irresponsabilidad por parte de la empresa "Transportes turísticos “Starline”, como responsable el C. Miguel Ávila Salazar(Don papis).
Contratamos el servicio de transporte por una semana para trasladar a nuestros jugadores, entrenadores y familias a un torneo en la ciudad de Cancún, Quintana Roo. Desde el inicio las cosas comenzaron mal.
La cita era a la 1:00 de la mañana en el punto acordado. Se les pidió con anticipación y en repetidas ocasiones que fueran puntuales, ya que debíamos llegar a tiempo a nuestro compromiso deportivo. Sin embargo, el camión llegó aproximadamente a las 3:30 de la madrugada, dejando durante más de dos horas a niños de distintas edades, algunos de apenas 4 y 5 años, así como a padres de familia, esperando en un parque en plena madrugada.
Lo más preocupante vino después. Durante el trayecto nos dimos cuenta de que el operador venía extremadamente cansado. Él mismo nos comentó que llevaba muchas horas trabajando y que no había dormido. En varias ocasiones manifestó que ya no soportaba el sueño y, lamentablemente, eso era evidente, pues se quedaba dormitando mientras conducía, en dos ocasiones estuvo apunto salir de la carretera.
Como responsables de un grupo de niños y familias, solicitamos de inmediato al propietario de la empresa que enviara otro operador para garantizar la seguridad de todos. Nuestra petición fue completamente ignorada. A pesar de insistir varias veces, nunca recibimos una solución.
Durante el camino vivimos momentos de verdadero miedo. El operador pestañeaba constantemente, el camión invadía el carril y en al menos tres ocasiones estuvimos a punto de sufrir un accidente al salirse de la carretera. Fueron momentos de mucha angustia para todos los que íbamos a bordo.
Desafortunadamente, los problemas continuaron durante toda la semana del torneo. Cada vez que acordábamos una hora para trasladarnos a los diferentes campos deportivos, el transporte llegaba tarde. En ocasiones esperábamos una o incluso dos horas, afectando nuestra organización y provocando el enojo, totalmente entendible, de los padres de familia. Nosotros, como organización, también nos vimos seriamente perjudicados.
Cuando pensábamos que la situación no podía empeorar, ocurrió algo aún más delicado durante nuestro regreso a Chetumal.
El camión presentó fallas mecánicas nuevamente y mientras salíamos de Cancún, comenzó a desprender humo y a presentar señales de que podía incendiarse. Solicitamos al operador que se detuviera y lo hizo. En ese momento pedimos nuevamente a la empresa que enviara otro camión en condiciones seguras, ya que no estábamos dispuestos a poner en riesgo la vida de nuestros jugadores, entrenadores y familias.
Después de hablar con el propietario, nos aseguró que en aproximadamente dos horas llegaría otra unidad. Esa promesa nunca se cumplió.
Permanecimos alrededor de seis horas varados en Puerto Morelos esperando una solución.
Finalmente llegó un camión enviado desde Playa del Carmen. El operador fue muy amable y profesional; sin embargo, nos informó que la empresa únicamente le había depositado una parte del pago y que, si al llegar a Felipe Carrillo Puerto no recibía el resto del dinero, tendría que bajar al grupo y suspender el servicio.
Imaginen la incertidumbre que vivimos durante todo ese trayecto, sin saber si lograríamos regresar a casa.
Afortunadamente, pudimos llegar a nuestro destino sanos y salvos, pero fue gracias a la paciencia de todos y no al compromiso de la empresa que habíamos contratado.
Como el camión afectado se llevó el equipaje de todo el grupo, esperamos 20 horas sin maletas, y después de tanta presión se dignó a entregarlas.
Para terminar de afectar su situación, al entregarnos las maletas quiso cobrarnos una cantidad de $6,000 por que según habíamos roto una pantalla, la cual pedimos verla para cubrir el pago y se negó, dijo que no podía mostrarla, al insistir dijo que no era de gravedad que solo se despegó, claramente notamos que lo que quería era que se le pagara algo que nunca se dañó.
Hago esta publicación no por generar polémica, sino porque considero que cuando se trata de la seguridad de niños, jóvenes y familias, guardar silencio también es una irresponsabilidad.
Nuestra intención es prevenir a otras escuelas, clubes deportivos, organizaciones y familias para que no tengan que vivir una experiencia como la nuestra. Ningún ahorro o promesa de servicio vale más que la tranquilidad de saber que todos llegarán seguros a casa.
Nosotros viajamos constantemente a diferentes competencias y, durante muchos años, habíamos trabajado con otras empresas de transporte que siempre nos brindaron un servicio profesional y seguro. En esta ocasión decidimos darle una oportunidad a una empresa que nos pidió “trabajo” porque tenían “muy bajo su servicios”, ahora entendemos el porque no los contratan.
Ojalá este testimonio sirva para que otras personas puedan tomar una decisión informada antes de contratar un servicio de transporte.
La seguridad de nuestros niños y de nuestras familias siempre debe estar por encima de cualquier otra cosa.