31/08/2026
“Tengo una hernia, por eso me duele la espalda”
Esta frase la escucho todas las semanas. Y casi nunca es tan simple.
📚 Mira lo que dicen los estudios:
Se revisaron resonancias de más de 3.000 personas que no tenían ningún dolor de espalda:
A los 40, el 50% tenía abombamientos discales.
A los 50, alrededor del 60%.
A los 60, cerca del 70%.
Todas esas personas vivían sin dolor.
Y ojo, con esto no te estoy diciendo que tu hernia no importe.
⚠️ Si notas que pierdes fuerza cada vez más, que se altera la sensibilidad en la zona ge***al o que pierdes el control de esfínteres, eso hay que mirarlo con un médico y rápido.
Pero fuera de esos casos, lo que se ve en la resonancia no explica por sí solo todo lo que sientes.
👉🏼 Y en cambio, esto es lo que sí pasó desde que te encontraron la hernia:
Dejaste de cargar peso.
Dejaste de agacharte.
Dejaste de entrenar “por si acaso”.
Y unos meses más tarde te das cuenta de que tu espalda se mueve peor, aguanta menos y cualquier mínimo esfuerzo del día a día te pasa factura.
Eso ya no es solo la hernia. Sino la consecuencia de lo que dejaste de hacer desde entonces.
Y esa parte sí se puede revertir:
✅ Entrenando de forma adaptada y progresiva a lo que tu cuerpo tolera hoy.
¿Qué dejaste de hacer desde que te diagnosticaron la hernia?
Te leo en comentarios 👇🏼
27/08/2026
Si llevas años con dolor de espalda,
seguramente probaste masajes, antiinflamatorios,
estiramientos o bajar la carga unos días.
Y ojo: nada de eso está mal.
Pueden darte un respiro cuando el dolor aprieta.
De hecho, a veces son necesarios.
El problema es quedarse ahí.
Porque todo eso actúa sobre lo que sientes,
no sobre lo que lo causa.
Te alivia hoy. Y a las dos semanas vuelve.
Y en la mayoría de los casos la causa tiene que ver
con una espalda que se mueve poco,
que tolera poca carga y que lleva años
sin recibir los estímulos que necesita.
Ahora bien, puede que me estés leyendo y pienses:
“yo ya hago yoga”, “yo ya hago pilates”,
“yo ya hago mis estiramientos”… y sigo igual.
Y no es que eso no sirva.
Es que moverte no es lo mismo que entrenar,
y entrenar no es lo mismo que seguir un plan
que parte de tus limitaciones concretas.
Puedes estar haciendo algo bueno en general
que no esté tocando tu problema en particular.
Por eso lo primero no es elegir el ejercicio.
Es saber qué te está faltando:
qué se mueve poco, qué está débil,
qué gestos evitas sin darte cuenta.
Y a partir de ahí, entrenar en consecuencia
y de forma progresiva.
Es más lento. Y menos atractivo.
Pero es lo que hace que tu espalda
tolere más carga, se mueva con menos
limitaciones y resista mejor tu día a día.
Y si hay algo que sostiene a todo lo demás,
es ser constante.
Sin eso, el resto son sólo buenas intenciones.
¿Qué estás haciendo ahora mismo por tu espalda?
Te leo en comentarios.
18/08/2026
❌ El problema de buscar un único culpable para tu dolor de espalda es que te lleva a buscar una única solución.
Si piensas que todo viene de una hernia, intentarás “arreglar” la hernia.
Si crees que fue un movimiento concreto, empezarás a evitarlo.
Y si estás convencido de que es la edad, probablemente acabarás resignándote.
El problema es que el dolor de espalda no suele funcionar de una forma tan lineal.
Por eso mejorar no siempre consiste en descubrir qué está “mal” en tu espalda.
✅ Muchas veces consiste en entender qué está haciendo que tu cuerpo se sienta cada vez menos capaz y empezar a trabajar sobre ello.
Eso cambia por completo el enfoque:
Dejas de centrarte únicamente en proteger tu espalda y empiezas, de forma progresiva, a recuperar capacidades.
No necesitas encontrar un culpable.
Necesitas actuar sobre aquello que sí puedes mejorar.