01/07/2026
Esta familia no estaba posando junto a un árbol cualquiera.
Estaba frente al cadáver de uno de los gigantes que alguna vez dominaron los bosques del este de Estados Unidos.
La fotografía fue tomada hacia 1920 y muestra a la familia Shelton junto a un enorme castaño americano en la región de las Grandes Montañas Humeantes.
El árbol ya estaba mu**to.
Pocos años antes, habría parecido imposible imaginar un paisaje sin castaños. En algunas zonas de los Apalaches representaban una parte importante del bosque y podían alcanzar más de treinta metros de altura.
Su madera era resistente, fácil de trabajar y duradera. Con ella se construían casas, graneros, cercas, postes, muebles y traviesas ferroviarias.
Sus nueces alimentaban a familias, ganado y animales silvestres. Cada otoño se recogían y vendían grandes cantidades, convirtiéndose en una fuente de alimento e ingresos para numerosas comunidades rurales.
Era un árbol tan útil que formaba parte de casi todos los aspectos de la vida.
Entonces apareció el tizón.
En 1904, trabajadores del Zoológico del Bronx, en Nueva York, observaron que varios castaños estaban enfermando. La causa era un hongo procedente de Asia, hoy conocido como Cryphonectria parasitica, frente al cual el castaño americano tenía muy poca resistencia.
El hongo atacaba la corteza y formaba lesiones que rodeaban el tronco. Al interrumpirse la circulación de agua y nutrientes, todo lo que quedaba por encima terminaba muriendo.
La enfermedad avanzó rápidamente por los bosques orientales.
En apenas unas décadas, cerca de 4.000 millones de castaños murieron. Para mediados del siglo XX, la especie había desaparecido casi por completo del dosel de los bosques que antes dominaba.
En el sur, muchos ejemplares ya sufrían además una enfermedad de las raíces conocida como tinta o pudrición por Phytophthora. El castaño fue atacado desde arriba y desde abajo.
Su desaparición transformó el paisaje.
Robles, nogales y otras especies ocuparon parte del espacio que había dejado, pero ninguna reemplazó completamente su combinación de madera, alimento y valor cultural.
El castaño americano no se extinguió por completo.
Sus raíces suelen sobrevivir bajo tierra y producir nuevos brotes. Sin embargo, cuando estos crecen, el hongo vuelve a atacarlos antes de que puedan convertirse en los gigantes del pasado.
Por eso, esta fotografía resulta tan poderosa.
La familia Shelton aparece diminuta junto al tronco de un árbol que alguna vez sostuvo hogares, alimentó comunidades y cubrió montañas enteras.
No retrata solamente la muerte de un castaño.
Retrata el momento en que una sociedad comenzó a comprender que incluso aquello que parecía eterno podía desaparecer en una sola generación.
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