17/09/2026
Vida, muerte y resurrección hasta la meta bajo el Acueducto de los Milagros.
En marzo de 2027 volveremos a Mérida para afrontar las LXVII Millas Romanas.
Pero esta vez será diferente.
Un grupo de Pretorianos de Tomares iremos de escoba, cerrando la carrera de resistencia. Seremos los últimos. Y precisamente por eso tendremos el privilegio de contemplar la prueba desde un lugar que pocas veces se conoce de verdad.
Porque detrás de una carrera de ultrafondo existen muchas carreras diferentes.
Está la de quienes salen a competir.
La de quienes buscan mejorar su tiempo.
La de quienes llegan con la tranquilidad de haber preparado durante meses cada detalle.
Y está también la carrera de quienes, cuando pasan las horas, empiezan simplemente a intentar sobrevivir hasta la meta.
Ahí comienza nuestra carrera.
> Vida
Las Millas Romanas empiezan mucho antes del pistoletazo de salida.
Empiezan cuando decides inscribirte.
Cuando vuelves a entrenar un día en el que no te apetecía.
Cuando haces kilómetros mientras otros descansan.
Cuando preparas zapatillas, mochila, alimentación y estrategia pensando que, si todo sale según lo previsto, conseguirás llegar a Mérida.
En la salida casi todos estamos vivos.
Hay nervios, conversaciones, fotografías, bromas y proyectos.
Las piernas responden.
Todavía hacemos cálculos.
«Si mantengo este ritmo…»
«Si llego allí a esta hora…»
«Si continúo así…»
Durante las primeras horas creemos que tenemos la carrera controlada.
Pero una prueba de esta distancia tiene una capacidad extraordinaria para desmontar planes.
Y llega un momento en el que comienza otra carrera.
> Muerte
No hace falta caer al suelo para morir en una ultradistancia.
Se puede morir caminando.
Se muere un poco cuando dejan de salir las cuentas.
Cuando el ritmo desaparece.
Cuando duele algo que nunca había dolido.
Cuando el estómago dice basta.
Cuando la noche se hace eterna.
Cuando el cuerpo pide detenerse y la cabeza empieza a buscar argumentos para justificarlo.
«No pasa nada si lo dejo.»
«Ya lo intentaré otro año.»
«He llegado suficientemente lejos.»
«Esto no tiene sentido.»
Quienes vayamos cerrando las Millas Romanas veremos probablemente esa parte de la carrera más que ninguna otra.
Porque delante estarán quienes avanzan con solvencia.
Y junto a nosotros aparecerán quienes están peleando por cada kilómetro.
Los últimos.
Los que miran continuamente el reloj.
Los que hacen cálculos para saber si todavía pueden llegar al siguiente control.
Los que ya no piensan en el tiempo final.
Solo piensan en continuar.
Ser escoba significa cerrar una carrera.
Pero no debería signific empujar a nadie hacia la retirada.
Nuestra función será acompañar el límite.
Estar ahí.
Recordar el siguiente punto de control.
Compartir unos kilómetros.
Decir una palabra cuando haga falta y guardar silencio cuando sea mejor no decir nada.
Porque todos los que hemos hecho ultrafondo sabemos que hay momentos en los que una persona no necesita escuchar grandes discursos.
Necesita simplemente que alguien camine a su lado.
> Resurrección
Y entonces ocurre algo difícil de explicar a quien nunca lo ha vivido.
Una persona que parecía completamente terminada vuelve a avanzar.
No necesariamente corre.
No deja de dolerle.
No recupera mágicamente las fuerzas.
Simplemente cambia algo dentro de ella.
Acepta el cansancio.
Acepta el dolor.
Acepta que todavía quedan kilómetros.
Y continúa.
Esa es probablemente la verdadera resurrección del ultrafondo.
No recuperar el cuerpo.
Recuperar la decisión.
Volver a creer que todavía es posible llegar.
Quienes vayamos de escoba tendremos la suerte de asistir desde muy cerca a esos momentos.
Veremos corredores desaparecer delante de nosotros porque han encontrado fuerzas que unos minutos antes parecían no existir.
Y posiblemente veremos a otros sentarse definitivamente.
También forma parte de la carrera.
Porque terminar una ultradistancia nunca está garantizado.
Precisamente por eso cruzar la meta tiene valor.
> Hasta la meta
Habrá un momento en el que Mérida empiece a sentirse cerca.
Tal vez todavía falten bastantes kilómetros.
Pero la cabeza empezará a reconocer que aquello puede terminar bien.
Los últimos corredores seguirán delante.
Y nosotros detrás.
Cerrando las LXVII Millas Romanas.
Probablemente cansados también.
Porque ser escoba no significa observar la carrera desde fuera.
Habrá que recorrer exactamente los mismos kilómetros.
Pasaremos frío o calor.
Tendremos sueño.
Nos dolerán las piernas.
Y también tendremos nuestros propios momentos de duda.
Pero nuestro objetivo será diferente.
Nuestra carrera terminará cuando llegue el último corredor al que podamos acompañar hasta Mérida.
Entonces aparecerá la meta.
Y quizá entendamos mejor que nunca algo que los años de ultrafondo terminan enseñándote.
Que durante una carrera puedes sentirte invencible y unas horas después completamente derrotado.
Puedes morir deportivamente varias veces.
Y puedes resucitar otras tantas.
Hasta que ya no quedan kilómetros.
Hasta que alguien dice que puedes parar.
Hasta la meta.
En las LXVII Millas Romanas de Mérida 2027, algunos Pretorianos de Tomares tendremos el privilegio de vivir esa historia desde el último lugar de la carrera.
Y posiblemente sea desde allí, caminando junto a quienes estén luchando por terminar, donde mejor podamos comprenderla.
Vida, muerte y resurrección.
Hasta la meta.
PD. Con un poco de suerte lo mismo consigues un dorsal antes de que se agoten https://www.asociacioncaminosromanos.com/millas-romanas/