Coach Ontológico ICF UBA - Transformación Personal & Profesional

Coach Ontológico ICF UBA - Transformación Personal & Profesional

Compartir

Las Conversaciones de Coaching se desarrollan en el ámbito de extrema confidencialidad. El Coach se desafía y desafía a la otra persona.

Acompaño a personas y equipos en procesos de Coaching Ontológico para que conecten con su potencial y generen resultados que marquen una diferencia en su vida y trabajo. El desafío del Coach radica en cuestionar, preguntar y buscar las causas de una situación o estado de ánimo y a partir de ese punto facilitar su capacidad de acción.

06/07/2026

El control empieza como organización.

Pero puede terminar como una cárcel.

Primero planificás.

Después supervisás.

Después necesitás que todo salga exactamente como imaginaste.

Y cuando algo cambia...

aparece la frustración.

Porque el problema no siempre es lo que ocurre.

A veces es la distancia entre la realidad...

y el guion que habías escrito en tu cabeza.

Y no, controlar no es malo.

Planificar. Prever. Organizar.

Todo eso tiene valor.

La tensión aparece cuando confundís organización con garantía.

Porque hay una verdad incómoda:

cuanto más intentás controlar lo incontrolable...

menos disfrutás lo que sí está pasando.

Pregunta incómoda:

¿qué parte de tu vida te está agotando...

porque insistís en controlar algo que nunca dependió de vos?

Si esto te hizo pensar, me gustaría leerte.

30/06/2026

La duda empieza como prudencia.

Pero puede terminar como prisión.

Primero analizás.

Después comparás.

Después esperás "un poco más".

Y sin darte cuenta...

pasa otro mes.

Porque la duda tiene una promesa muy seductora:

"Cuando tengas toda la información, recién ahí decidí."

El problema es que ese día casi nunca llega.

Y no, dudar no siempre es un problema.

A veces evita errores.

A veces nos obliga a pensar mejor.

Pero ahí está la tensión.

¿Estás tomando una mejor decisión...

o solo estás evitando hacerte cargo de una?

Porque elegir implica perder otras posibilidades.

Y muchas veces no nos paraliza el miedo a equivocarnos.

Nos paraliza el miedo a renunciar.

Pregunta incómoda:

¿qué decisión seguís postergando...

porque esperás una certeza que la vida nunca promete?

Si esto te hizo ruido, me gustaría leerte.

27/06/2026

La mayoría de las personas no le teme al cambio.

Le teme a lo que puede perder cuando el cambio ocurre.

Por eso nos aferramos.

A trabajos. A vínculos. A formas de hacer las cosas. A identidades que alguna vez tuvieron sentido.

Y sí, es comprensible.

Lo conocido da seguridad.

Aunque ya no funcione.

El problema aparece cuando la realidad avanza... y nosotros seguimos intentando vivir en una versión anterior de ella.

Ahí nace la resistencia.

Y con ella, el desgaste.

Ahora bien, tampoco caigamos en el otro extremo.

No todo cambio es progreso. No todo lo nuevo es mejor.

La cuestión es otra:

¿estás eligiendo conservar algo valioso... o simplemente te cuesta aceptar que una etapa terminó?

Porque muchas veces el sufrimiento no aparece cuando algo cambia.

Aparece cuando seguimos peleando contra un cambio que ya ocurrió.

Pregunta incómoda:

¿qué parte de tu vida consume energía no porque sea difícil...

sino porque te resistís a soltarla?

Y tal vez la libertad no empiece cuando encontrás certezas.

Tal vez empiece cuando dejás de aferrarte a las que ya no sirven.

19/06/2026

La resistencia al cambio suele disfrazarse de prudencia.

"Mejor espero."

"Ahora no es el momento."

"Ya veremos."

Pero muchas veces no estamos cuidándonos.

Estamos aferrándonos.

A una versión vieja de nosotros. A una relación que terminó. A una etapa que ya no existe.

Y mientras más nos aferramos...

más duele.

Porque hay algo incómodo que cuesta aceptar:

la vida cambia igual.

Con o sin nuestro permiso.

Y no, no todo cambio es bueno.

No todo lo nuevo merece ser celebrado.

La tensión no está entre cambiar o no cambiar.

Está entre adaptarte a la realidad... o seguir peleando con ella.

Porque a veces el verdadero dolor no viene de perder algo.

Viene de intentar sostener lo que ya se fue.

Pregunta incómoda:

¿qué seguís intentando conservar...

aunque en el fondo sabés que ya terminó?

Si esto te encontró, me interesa leerte.

13/06/2026

La negación no siempre se ve como una mentira.

A veces se escucha así:

"Estoy bien."

"No es para tanto."

"Ya se me va a pasar."

Y quizá al principio funciona.

Porque evitar una emoción suele doler menos que atravesarla.

Pero hay un problema:

lo que negás no desaparece.

Solo cambia de lugar.

Se vuelve cansancio. Irritabilidad. Distancia. Insomnio. Desgano.

Porque las emociones ignoradas no se evaporan.

Se acumulan.

Y no, no todo malestar necesita convertirse en drama.

Hay personas que viven atrapadas en lo que sienten.

Pero otras viven atrapadas en no sentir nada.

La tensión está ahí.

Entre ahogarte en una emoción... o anestesiarte para no verla.

Pregunta incómoda:

¿qué situación de tu vida seguís llamando "está todo bien"...

cuando en el fondo sabés que no lo está?

Si esto te hizo ruido, me interesa leerte.

08/06/2026

El orgullo no siempre se ve como arrogancia.

A veces se ve como alguien que nunca pide ayuda.

Que siempre puede. Que siempre resuelve. Que siempre carga un poco más.

Hasta que un día se rompe.

Y nadie entiende cómo pasó.

Porque desde afuera parecía fuerte.

Pero hay una trampa en eso.

Muchas personas no cargan todo solas porque sean fuertes.

Lo hacen porque les cuesta confiar. Porque les cuesta mostrarse vulnerables. Porque les cuesta admitir que no llegan.

Entonces dicen:

"Ya lo resuelvo."

"Está todo bien."

"No quiero molestar."

Y mientras tanto se van agotando en silencio.

Pero hay algo incómodo que casi nadie dice:

pedir ayuda también requiere coraje.

Porque implica reconocer límites. Aceptar que no controlás todo. Y arriesgarte a que el otro vea una parte tuya que preferías ocultar.

Y no, la autosuficiencia no siempre es un problema.

Todos necesitamos autonomía.

La tensión aparece cuando la independencia se transforma en aislamiento.

Pregunta incómoda:

¿cuántas veces dijiste "puedo solo"...

cuando en realidad necesitabas una mano?

Si esto te hizo ruido, me interesa leerte.

30/05/2026

La procrastinación tiene mala fama.

Y a veces con razón.

Pero no siempre es pereza.

Muchas veces es miedo.

Miedo a equivocarte. Miedo a exponerte. Miedo a descubrir que no eras tan bueno como creías.

Entonces aparece una frase peligrosa:

"Lo hago mañana."

Y mañana trae otro mañana.

Y otro.

Hasta que la tarea deja de ocupar tiempo…

y empieza a ocupar espacio mental.

Porque lo postergado no desaparece.

Te acompaña. Te persigue. Te desgasta.

Y no, esperar no siempre está mal.

Hay momentos donde frenar es inteligencia.

La tensión aparece cuando ya no estás esperando el momento correcto…

estás evitando el momento incómodo.

Porque hay una verdad difícil de aceptar:

muchas veces no procrastinamos para evitar el trabajo.

Procrastinamos para evitar cómo nos sentimos al hacerlo.

Pregunta incómoda:

¿qué proyecto, conversación o decisión seguís postergando…

y de qué te está protegiendo realmente esa demora?

Si esto te encontró, me interesa leerte.

26/05/2026

La autoexigencia tiene buena prensa.

Parece disciplina. Compromiso. Ambición.

Hasta que un día te das cuenta de algo incómodo:

nunca alcanza.

Terminás algo… y en vez de sentir orgullo, sentís alivio.

Porque tu cabeza ya está corriendo hacia la próxima meta.

Y entonces vivir empieza a parecerse más a rendir examen… que a existir.

Lo más agotador no es trabajar mucho.

Es sentir que tu valor depende de cuánto producís.

Que descansar es culpa. Que frenar es perder tiempo. Que equivocarte te vuelve insuficiente.

Y no, la exigencia no siempre es enemiga.

A veces te ordena. Te hace crecer. Te saca de la mediocridad.

Pero hay una frontera peligrosa:

cuando ya no avanzás por deseo de construir…

sino por miedo a no valer lo suficiente.

Ahí la exigencia deja de impulsarte.

Empieza a castigarte.

Y hay algo más incómodo todavía:

muchas personas admiradas por “disciplinadas”… en realidad viven aterradas de detenerse.

Pregunta incómoda:

si mañana dejaras de lograr cosas por un tiempo…

¿seguirías sintiendo que merecés respeto?

Si esto te pegó, me interesa leerte.

26/05/2026

La necesidad de aprobación no siempre se nota.
A veces parece educación. Empatía. Madurez.
Hasta que un día te descubrís agotado…
porque pasaste años diciendo: “sí” cuando querías decir: “no”.
Y lo más peligroso no es mentirle al otro.
Es acostumbrarte tanto, que terminás mintiéndote a vos también.
Empezás a medir cada palabra. Cada decisión. Cada opinión.
No para expresarte.
Para no incomodar.
Y lentamente, tu personalidad deja de construirse desde la verdad… y empieza a construirse desde la aceptación.
Pero hay algo incómodo que casi nadie dice:
la aprobación es adictiva.
Porque el aplauso calma. La validación anestesia. Y pertenecer da sensación de seguridad.
Aunque el precio sea desaparecer un poco más cada día.
Y no, el problema no es adaptarte.
Toda relación requiere adaptación.
La pregunta es otra:
¿cuánto de vos tuviste que amputar para seguir siendo querido?
Porque hay vínculos que no aman quién sos.
Aman lo fácil que sos de manejar.
Y romper esa cadena duele.
Duele cuando decepcionás. Cuando ponés límites. Cuando dejás de actuar el personaje que hacía sentir cómodos a todos.
Pero también ahí empieza algo raro:
el alivio.
Pregunta incómoda:
¿cuántas decisiones de tu vida nacieron del deseo… y cuántas del miedo a no ser aceptado?
Si esto te tocó una fibra, no hace falta que expliques demasiado. Pero me interesa leerte.

17/05/2026

La comparación empieza como referencia.

Pero termina como prisión.

Primero admirás.
Después medís.
Después dudás.

Y sin darte cuenta,
tu vida empieza a perder nitidez.

Porque ya no preguntás: “¿qué quiero yo?”

Preguntás: “¿por qué ellos sí… y yo no?”

Y ahí cambia todo.

Tu proceso deja de importarte.
Tu ritmo parece insuficiente.
Tu historia empieza a sentirse atrasada.

Y no, compararse no siempre es malo.
A veces inspira.
A veces orienta.

Pero ahí está la tensión:

¿esto te impulsa…
o te está destruyendo en silencio?

Porque hay una trampa muy precisa:

comparás tu vida completa
con la parte editada de otra persona.

Y desde ahí, siempre perdés.

Pregunta incómoda:
¿cuánto de lo que perseguís hoy
realmente lo querés…
y cuánto nació de mirar demasiado al costado?

No necesitás correr la carrera de otro.
Necesitás dejar de abandonar la tuya.

Si te hizo ruido, ya sabés por qué.
Y si no querés decirlo acá, escribime por privado.

¿Quieres que tu empresa sea el Gimnasio mas cotizado en Buenos Aires?

Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Localización

Teléfono

Dirección


Buenos Aires
1431