02/07/2026
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¿Cómo te das cuenta de que te estás moviendo desde tu centro?
Hay una señal muy clara para saber si vas por buen camino: cuando te movés desde el centro, todo lo que sobra empieza a desaparecer. Dejás de meter fuerza innecesaria en los hombros, las piernas ya no van apuradas y las manos se relajan. En Japón se habla mucho del hara (la zona baja del abdomen) simplemente porque es ahí donde el equilibrio, la dirección y la potencia se organizan mejor. No hay que darle demasiadas vueltas; se nota enseguida. Si para que una técnica salga tenés que endurecerte, inclinarte o terminar peleando contra tu propio cuerpo, es que algo se salió de lugar. En cambio, cuando el movimiento nace desde ahí abajo, todo fluye: la postura se acomoda sola y la fuerza llega limpia, sin interferencias.
Esto también se siente en el contacto con el otro. Cuando el centro manda, no necesitás empujar ni andar corrigiendo sobre la marcha. Tu cuerpo entra estable y transmite la dirección de forma natural. ¿Viste esas veces que una técnica te sale increíblemente fácil y no sabés ni por qué? Seguramente ahí apareció el centro. ¿Y cuando tratás de compensar con los brazos lo que no estás sosteniendo con el cuerpo? Ese es el mejor aviso de que te desconectaste. El centro no es una pose para la foto; es la base que pone cada pieza en su sitio.
Por eso, en la práctica ayuda mucho mirar lo concreto: ¿Podés moverte sin que se te suban los hombros? ¿Podés girar sin cortar el aire? ¿Podés entrar sin desarmarte por el apuro? Esa es la lectura que realmente sirve en el Aikidō. Moverse desde el centro no es una frase linda para repetir en clase; es una forma mucho más eficiente, estable y honesta de usar el cuerpo. Y cuando lo lográs, se nota.
Gabriel Benítez©
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